jueves, 9 de septiembre de 2010

Un mundo nuevo

Querido Dios:

Soy uno de esos bichos que creaste, y como últimamente con todo el mundo, tampoco hablo mucho contigo. Hay quien dice que no existes. La otra noche te llamé, pero como en una linea de teléfono estropeada, sentí que mi propia voz no se oía. Están los que dicen que no existes, y están los que dicen que a mí no me escucharías porque soy codiciosa y envidiosa, o por ejemplo, porque llevo camisetas de tirantes.

No lo sé. Pero aprovecharé el blog. A lo mejor es que el vicio de Internet ya me consume tanto que lo necesito hasta para hablar contigo... El caso es que tengo ganas de expresarme. Es como cuando te duele algo y tienes que quejarte. Hay días en que el cielo es azul y no pasa nada, todo es maravilloso alrededor y no me doy cuenta, pero el problema es cuando alguien traspasa una linea o pisa un cable y nos damos cuenta de que todo era un decorado de cartón y más allá no hay nada. ¿Por qué existe la muerte? El domingo vi pasar por las cadenas de televisión la carrera de Moto GP. Un desliz, un pequeño desliz, y una tonta carrera de motos que se supone que debía ser divertida, tiene que ser lo último que vea un muchacho de 19 años... ¿Por qué no puedo traer a Tomizawa de vuelta y que su abuela le pegue cuatro collejas bien dadas? Esto... no es divertido, Dios. Sé que todos los días muere mucha gente y yo no me preocupo, pero es que hay que verlo con estos ojos para darse cuenta. Es tan triste... T-T

- Ve al grano, que Dios se va a aburrir.

Sí, Hipocondria, si. Pues nada, que yo quería pedir un mundo nuevo. Que este no me gusta. ¡Quiero un mundo nuevo sin cosas malas! Sólo lleno de cosas chulas y bonitas. Quiero traer a Tomizawa y a Udo y a todos los demás...

- Niña, ¿tú eres tonta? ¿Crees que puedes pedirle a Dios eso? ¿Y eres consciente de que la idea de vida sin muerte parece inconcebible? De aquí a la eternidad, se te acabará el anime para ver, ¿sabes? Y según tu fantástica resurrección, ¿adónde vas a meter a tanta gente? A lo mejor los Reyes Católicos no quieren estar al lado de Michael Jackson en el piso-patera del 3º. Zapatero no les va a poder sacar una paguita a todos...

Bah. Paguita... U.U Todo eso son vejeces. Dios lo sabe todo, seguro que el tiempo o el espacio no son un problema. Deja de pensar de forma tan aburrida, Hipocondria.

martes, 10 de agosto de 2010

El síndrome de la princesa

La primera vez que lo escuché fue en un anime, pero no recuerdo en cuál. Una chica le preguntaba a su amiga: "¿Tienes el síndrome de la princesa?" No recuerdo nada más, pero no se me ha olvidado eso. ¡Es un nombre tan bonito! Si hay que tener un síndrome, hay que tener ese. - Si lo quieres, se puede intentar. Gracias, Hipocondria. - Faltaría más, para eso estoy yo ^^ Creo que era porque a la protagonista no le gustaba ningún chico, o siempre estaba descontenta con el mundo a su alrededor. ¿Puede que fuera Risa Harada, de DNAngel? Eso tendría mucho sentido, por algo es un personaje de esos que se han quedado grabados en mi memoria. Pero no lo sé. El caso es que me pareció un síndrome precioso al escucharlo. Un poco por el contexto, un poco por el nombre, imaginé en qué consistía. Después he buscado información - como buena hipocondriaca - pero no he encontrado nada consistente, sólo algún articulillo de revistas de moda. Y hace dos días, eso del blog "End of the Rain", que ilustra, supongo, lo más básico de este síndrome de nombre tan bonito y de realidad tan triste. El chaval que lo ha escrito se quedará tranquilo con ese final moralizante y de buenos sentimientos, entre notas de humor, que le ha dado: "Al final amas a la persona, con todos sus defectos, y todos contentos". Todos contentos, menos la princesa. Somos humanos, sí, pero.... también somos inhumanos, ¿sabes? Oh, no sé cómo explicar lo que siento. -¿Entonces, estamos de acuerdo?, ¿añadimos el de la princesa después del de Peter Pan? *-* Tú misma, Hipocondria, tú misma. Viviremos en el país de Nunca Jamás con una corona. - Serías una buena anoréxica. Los anoréxicos tampoco quieren admitir las leyes de la realidad, ¿sabes?