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sábado, 27 de febrero de 2016

I'm alive

No es que me encante Kuroshitsuji, sólo me gusta mucho el dibujo y me gustan Ciel y Elizabeth. Pero esa canción de Becca del ending me encantaba. I´m alive, estoy aquí aunque hace tantos años que no escribo.

Hipocondria está conmigo, ha vuelto. Al fin y al cabo es mi compañera más fiel, la única que no se ha olvidado de quién soy y qué cosas me gustan, aun cuando yo misma he intentado traicionarme. Me consuela saber que ella, agazapada en mi subconsciente, se acordará de quién soy, de quién solía ser, por mucho que la vida me cambie.

Sólo quería pasar por aquí y decir hola. Sé que este blog no lo lee nadie, y quizá por eso me siento más libre para escribir. Cuando la lógica, la fe, la esperanza sea del color que sea, nos faltan, escribir puede ser una buena terapia.

Por si alguien lo lee, que nadie se alarme. Estoy viva, I´m alive. No me pasa nada, me quejo de vicio. Tengo trabajo de momento, en un país de parados, y excepto mi relación con Hipocondria y cuatro cosas, mi salud es buena. Sólo me siento inmensamente sola y derrotada. No he tenido fuerza para cambiar las cosas que no me gustan, aunque lo he intentado un poco, pero no ha dado resultado.

Volví a este blog porque me acordé de aquellos posts que escribí sobre "Cómo triunfar en la vida, según el anime". Y es que he vuelto a ver "La melancolía de Haruhi Suzumiya", que me encanta. SPOILERS a partir de aquí: Aunque Haruhi es desagradable - y estoy de acuerdo con una amiga que odia a este personaje por eso, por su inmenso egoísmo -, no pude más que amarla y sentirme identificada con ella desde que supe lo que le pasaba. Yo también siento que nada tiene sentido, que nada tiene color. Yo también querría ir a buscar cosas sorprendentes, y lo más sorprendente de todo: Kyon. Pero en este anime del mundo, Dios sabrá, como autor (recordemos a los autores barrocos como Calderón) qué papel tengo. Alguien debe de saber para qué estoy aquí. Me pregunto si sólo soy un personaje secundario, de esos de apoyo, cuya desgracia grande o pequeña, o cuya vida insignificante sólo sirve para hacer de fondo a los protagonistas. En ese caso, tendría que dar gracias al Autor por haberme dado un papel, por tener la oportunidad de participar en la obra. No sirve de nada llorar ni patalear, porque incluso cuando lloro o pataleo, sólo puedo hacerlo con las lágrimas que él me da.

Quizá no me he esforzado lo suficiente. Haruhi buscó mucho, se unió a muchos clubes, mantuvo una fe inquebrantable durante años y confió en ella misma hasta llegar a su destino. Puedo seguir esforzándome con las líneas que el Autor me ha dado en el mundo. Quizá se compadezca de mí y me convierta en una pequeña diosa, como Haruhi, a la que la autora de su novela dio el estatus de divinidad con capacidad para crear o destruir el mundo a su antojo. Paulo Coelho dice en una de esas frasecitas maravillosas y ñoñas con las que nos compra deliciosamente a los del gran público: "Cuando tienes un deseo, el universo entero conspira para que se cumpla". Quizá si mi deseo es muy muy grande, altero el espacio-tiempo, como Haruhi.

Una de las cosas que más me gusta de "La melancolía de Haruhi Suzumiya" es ese capítulo en que se crea un espacio cerrado dentro de un sueño donde Kyon está atrapado con Haruhi. Ella no quiere despertar, no quiere volver al mundo real. ¿Sabes por qué me gusta tanto ese capítulo, Hipocondria?

- ¿Por qué?

Porque además de ser muy bonito, como idea, lo de encontrarte de noche en un sueño con la persona que más te gusta, entiendo perfectamente el sentimiento de Haruhi. FIN DEL SPOILER. Una vez, ¿no te lo he contado?, conocí al chico que me gusta en un sueño.

- ¿Hablas en serio?

Hablo en serio. Es la única vez en mi vida que he sentido eso del "flechazo".

-¿Cómo fue?

Lo conocí en una fiesta, aunque ni él ni yo éramos invitados. Él era el hijo del dueño de la casa. Yo iba a hacer un recado, y él era el único que estaba allí en aquel momento para atenderme. Recuerdo que el patio era grande, blanco y resplandeciente, con columnas. Estaba todo lleno de mesas llenas de comensales alegres que hablaban y reían, a la luz de las velas y las lámparas. Y él llegó y se puso delante de mí, y me preguntó, y yo le di el aviso que traía para su padre. Pero eso no es lo importante. Lo importante es lo que realmente pasó. Que al vernos, fue como si nos reconociéramos. No sé decirte qué sensación me envolvió, jamás me he sentido así de bien, no quería irme de allí. Nos sostuvimos la mirada todo el tiempo que hablamos, y no queríamos irnos. Sé que era mutuo. Me enamoré, nos enamoramos, instantáneamente. Fue como si el corazón se llenara de un sentimiento de felicidad que hubiera llegado para quedarse, como si una voz interior dijera: "oh, así que esto era lo que estaba buscando". Era tan genial que nos estábamos viendo, y ni siquiera nos lo creíamos. Lo sé porque yo veía en él la misma cara que yo debía de tener, de una mezcla de felicidad absoluta y de estupefación, incredulidad.

- ¿No te estás inventando esto? - dice Hipocondria comiendo palomitas con la cabeza llena de rulos.

No, Hipocondria, no podría inventarme algo así.

- ¿Cómo era él?

Pues... era un chico normal. Era más alto que yo, joven como yo, de una complexión normal para un chico de su edad, sano y fuerte, como puedes ver a muchos por la calle. Vestía como cualquier hombre, con un pantalón largo y un polo, rojo, creo recordar. Tenía el pelo castaño, o castaño oscuro, y la piel blanca. No me acuerdo del color de los ojos. Sé que era muy guapo, el hombre más guapo que he visto nunca. Nunca me he sentido tan bien al lado de alguien. Era como un hechizo. Era pura atracción. Cada cosa que veía me parecía perfecta, y al lado tenía otra de mayor perfección. Su voz, su presencia... Y sin embargo, era un chico tan normal...

- No entiendo. Dices que era perfecto y era normal. ¿Cómo eran sus rasgos, su cara?

Pues aquí viene lo bueno. No lo recuerdo con claridad. No sé qué cara tenía. No podría dibujarlo, ni decir si tenía la nariz así o asá, ni el color de sus ojos, o la forma de su boca o de sus cejas. Sólo sé que lo encontré y nos enamoramos en un sueño. Y entonces, justo entonces, cuando no quería despertar, oí que mi madre me llamaba para que me levantara porque el despertador había sonado. Recuerdo que estuve un tiempo, no sé si fueron cinco minutos o si fue media hora, pensando que no podía ser, intentando comprender que me había despertado, pensando que quería volver al sueño, que no podía ser mentira ahora que había encontrado al chico de mis sueños.

- Literalmente, ja, ja... - dice Hipocondria limándose las uñas. - Me imagino el chasco.

SPOILER. Por eso me gusta tanto ese capítulo de "Haruhi Suzumiya no Yuutsu". Ella, pobrecilla, sólo quiere vivir en ese sueño. Y por eso me gusta tanto esa canción, "God knows", en que dice: "en un sueño [...] tú estabas allí, yo estaba allí, y todo el mundo había desaparecido..." FIN DEL SPOILER.

- Qué interesante. Cuéntame más cosas de esas. Con ellas puedo hacerte llorar luego. Por cierto, ¿crees que puede ser el mismo chico que viste en tu cuarto?

¿Cómo sabes tú eso?

- Yo lo sé todo, amiga. Las amigas se cuentan todo, todo. Y yo soy la amiga más cercana que tienes, corazón.

Sí. Ves en mi subconsciente para castigarme luego con las cosas que quise y no hice, las que concebí tan secretamente que ni yo me di cuenta. Ahora que lo pienso... sí, he pensado muchas veces que el chico de mi sueño y el que vi en mi cuarto son la misma persona. Y las dos veces, aunque estaba directamente mirándole a la cara, no pude recordar luego sus rasgos, pero... tú sí...

- ¿Yo?

Tú. Tú debes de recordarlo, sin lugar a dudas. Porque tú lo viste como yo, pero, aunque yo olvido por designios del cielo o de la razón, tú no olvidas, Hipocondria. Tú eres capaz de traer de los abismos del recuerdo de la infancia los miedos más recónditos. También debes de recordar los placeres más sublimes, los momentos de felicidad más radiantes. Así que tú sabes cómo es su rostro, cómo suena su voz... Tú sabes quién es él.

- No lo sé. Es posible...

Entonces no nos rindamos. Si alguna vez me lo cruzo, tú lo reconocerás al instante. Y por eso cuando quedo con algún chico me invade ese sentimiento de rechazo. Ahora todo encaja. Ahora me siento mejor. Es muy fácil. Si es él, sentiré la señal. Si no, es que no es él.

- ¿Y si no nos lo encontramos nunca? Sabes que eso es lo más probable. Que sólo sea un fantasma que creé para ti.

No digas eso. Hay que creer. Creer o morir.

- Sabes que estás como una cabra, y menos mal, porque el saberlo es lo único que te salva de no ir al loquero, cariño. Sabes perfectamente que la mayoría de la gente nace y muere sin encontrar jamás al chico o la chica de su sueño. Sabes que si lo encuentran, dura un segundo, y que termina siempre mal. Sabes que el amor no existe más que en animes, cuentos y milongas. Sabes que lo más racional es buscarte compañía aunque no estés enamorada, que es lo que hace la gente cuerda, y luego ir viviendo, y caminante no hay camino, se hace camino al andar. Sabes que tendrás que conformarte, o conformarte o reventar, y calmar tus deseos como puedas, que es lo que hace la gente en todas partes desde que el mundo es mundo. No te preocupes, yo estoy aquí para ti, siempre estaré para ti.

Di lo que quieras. Sé que me aconsejas bien porque en el fondo me quieres. Pero tú no eres la Autora de este argumento, así que ¿quién eres tú, quiénes somos nosotras para decir que no puede suceder esto o aquello? Puede suceder todo, y pensar negativamente sólo es falsear la realidad. En uno de los mundos posibles que contempla el libro de Tsui´ Pen, como se cuenta en El jardín de senderos que se bifurcan, yo voy a conseguir lo que quiero y voy a encontrar al chico de mi sueño. Él debe de estar buscándome.

- Pero ¿quién te va a buscar a ti, prenda mía? Anda, vete, vete a ver anime y déjame dormir tranquila. Toma, escucha I´m alive, a ver si se te pasa.

martes, 15 de septiembre de 2009

La caverna de Platón y la melancolía de Haruhi

"Qué extraña escena describes y qué extraños prisioneros. Son iguales a nosotros." Platón, República, Libro VII. Mi profe de filosofía solía decir que si Platón levantara la cabeza y viera la televisión, diría: "La caverna, la caverna..." Y eso que Internet es mucho más remolón y adictivo que la televisión, al menos esa es mi experiencia. Porque la tele consiste en quedarte 3 horas mirando agilipollado todo lo que te echan, pero Internet consiste en quedarte 6 horas buscando agilipollado no sabes muy bien qué; ya no te acuerdas. O sea, es una droga mucho más dura, hacedme caso. ^^ Los que estais aquí lo sabéis, pues habeis caído a estas profundidades del abismo donde estoy yo escribiendo este blog. Muahahaha... Yo jamás he fumado (ni tabaco ni nada), tengo una manía casi supersticiosa contra el alcohol y desde mi tierna infancia he tenido prohibido el chocolate. Nunca he seguido ningún programa de televisión ni ninguna serie. Pero hace dos años me pusieron Internet y ahora estoy más enganchá que Amy Winehouse. U.U Bueno, ahora a Hipocondria y a mí nos dan unas pastis muy raras, pero dicen que no hay de qué preocuparse, que son caramelos... Si, ya: como los que comercializaba Lau con el nombre de la compañía Phantomhive. Señor Platón, yo le juro que su mito de la caverna siempre me moló; sobre todo me enamoré perdidamente de esas dos frases de ahí arriba. Suena tan guay, tan grave, tan tan... Platón. Yo también pensé que aquellos hombres atados en la caverna y que no habían visto en su vida más que sombras en una pared eran pobres hombres, ni siquiera hombres completos, porque no habían tenido la posibilidad de experimentar las cosas verdaderas de allá afuera ni de conocer más. También creo que esos extraños prisioneros son iguales a nosotros. Yo, por ejemplo. Yo estoy "atada" delante de mi ordenador incontables horas. Supongo que mientras pasan muchas cosas ahí fuera, sale el sol, giran las estrellas, muere gente, alguien llora. Pero mientras Chii lee su cuento en voz alta y yo la escucho hipnotizada, no me entero de nada de eso. "En aquella ciudad no había nadie. Las luces brillaban y las ventanas estaban encendidas, pero en la calle no había nadie. Miré por una ventana: había una persona. Pero estaba con eso. Miré por otra ventana: había otra persona. Pero, como ya esperaba, estaba con eso. Porque estar con eso es más divertido. Más divertido que estar con otra persona... En aquella ciudad, no había nadie. La gente ya no sale". Eso es. Yo estoy soñando con sombras de sombras, porque ni siquiera esa realidad que vemos en el mundo "real" es la verdad, ¿no, Platón? Chii, que es un sueño, lee su cuento; yo la escucho a ella, pero yo también soy mentira. Estoy en un mundo imperfecto y efímero que también es un sueño, pero encima yo cierro los ojos para soñar más profundamente. Platón me describe, Chii habla de que ya no salgo. Laberinto de espejos, sueño de sueños... Por más que pienso, no sé qué es eso del mundo de la Idea, no sé dónde está el truco, ¿dónde está la verdad? Por eso sigo aquí soñando. Es como estar perdida en una muchedumbre hasta casi olvidar tu nombre y sentir que nada tiene valor ni es único. Es como si el universo se desplomara,palmo a palmo. Por eso, sigo aquí viendo anime y remoloneando. A mí también me gustaría pensar que antes de que un mundo tan inútil se destruya, algo increíble, como un beso, pueda hacer que todo exista de nuevo.