Siempre viene bien cuando uno no sabe qué decir, o mejor dicho cuando uno no sabe cómo decir lo que siente que querría decir, tomar palabras prestadas. No, ni siquiera palabras. Pero eso me pasa a mí hoy.
Salvo cuando la situación se torna trágica, la verdad es que la vida es una fuente inagotable de cachondeo. Hay bromas muy graciosas. Ahora mismo en la tele un tío más feo que Picio y medio-imbécil le pregunta a la hermana supermona de su novia que si está enamorada de él.¿Carcajada? No. Ya estoy acostumbrada de tal forma que mi rostro permanece imperturbable. Es el universo el que se ríe de mí contándome el mismo chiste una y otra vez. Yo sólo oigo cómo se ríe y se retuerce de risa.
Al fin y al cabo, yo formo parte de ese chiste también. Igual que un donante de órganos, me di cuenta de que había "destinado" una parte de mí a varias causas, a varias personas. Al milímetro; nada se desperdiciaría. La razón es lo ya consabido: el amor al prójimo, la gratitud a la vida. Devolver el sacrificio que han hecho por ti. Pero no se trataba aquí de donar un riñón o el corazón, sino el afecto, el alma, los pensamientos, la dirección de tu vida, el origen de tus ganas de levantarte por las mañanas.
Resulta que sin querer había sometido a mis deseos a una especie de prostitución. A cambio de no se sabe qué, ellos tenían que mentir y hacer lo que no sentían. El chantaje es muy complejo y delicado, sutil como una tela de araña. Lo que pasa es que no es fácil salir de ahí. Pero al menos he podido disfrutar de la necesidad de huir.
(coloquial) "Hacer tiempo", ir despacio, consciente y voluntariamente. Entretenerse en tareas poco importantes, retrasando aquellas que no queremos hacer. "Hacer la croqueta sin terminar" (si no eres español, no intentes entender esto último).